La historia de Bafar enseña sobre usar el crédito para emprender

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Hay historias empresariales que parecen sacadas de una película. La de Eugenio Baeza, fundador de Grupo Bafar, es una de ellas. Todo comenzó en un pequeño cuarto de cuatro por dos metros, donde él y su padre cortaban carne para venderla a restaurantes y carnicerías locales. Con el tiempo, ese pequeño negocio se transformó en uno de los grupos alimentarios más grandes de México. Y en el centro de su expansión hubo un elemento clave: un crédito otorgado por Carlos Slim.
Baeza no empezó con grandes capitales ni con una red de contactos poderosos. Su primer impulso vino de combinar experiencia, trabajo y visión. Mientras trabajaba en la planta de Ford, notó que sus ventas de carne le dejaban ingresos comparables —e incluso superiores— a su salario. En ese momento tomó una decisión arriesgada pero crucial: dejar el empleo seguro para dedicarse por completo a su emprendimiento.
Al principio, operaba de forma muy artesanal. Vendía los cortes más finos a los restaurantes de lujo y buscaba salida para las partes menos demandadas entre las carnicerías populares. Ese equilibrio entre entender el mercado premium y el popular fue una de las primeras lecciones de su historia: no desperdiciar recursos, sino buscar el cliente adecuado para cada producto.
Con los años, Bafar creció, amplió su logística y comenzó a importar productos. Pero el gran salto vino cuando Baeza decidió adquirir varias marcas de Nestlé —entre ellas Parma, Sábori y Campestre—. Era una oportunidad única, pero también una operación millonaria. Para financiarla, recurrió a un crédito de Carlos Slim, a través de Inbursa.
Ese préstamo se convirtió en el motor que transformó un negocio regional en una compañía con marcas reconocidas a nivel nacional e incluso internacional. Sin embargo, el crecimiento trajo consigo nuevos retos: la deuda aumentó, la administración se volvió compleja y los gastos se dispararon. Baeza reconoció que la falta de control financiero casi lo lleva a la ruina. Fue entonces cuando decidió formarse en gestión empresarial —incluso estudió en Harvard— y reestructurar por completo la empresa. Cerró centros de distribución, redujo personal, y volvió a enfocarse en la eficiencia y la rentabilidad.
Hoy, Grupo Bafar es un referente de la industria alimentaria mexicana. Pero detrás de ese éxito hay una gran enseñanza: el crédito para un negocio no es un enemigo, sino una herramienta poderosa si se usa con estrategia.
Usar el crédito con inteligencia: lecciones prácticas para emprendedores
La historia de Bafar no trata solo de carne o de finanzas. Trata de visión, estrategia y resiliencia. Tomando como base esa experiencia, aquí van algunas reflexiones sobre cómo usar el crédito para lanzar o hacer crecer tu propio negocio.
Primero, usa el crédito para construir valor, no para cubrir huecos. Pedir dinero prestado solo tiene sentido si ese dinero te ayuda a generar más ingresos: comprar maquinaria que te permita producir más, financiar una expansión con alta demanda o adquirir una marca que complemente tu oferta. Así lo hizo Baeza: el crédito que pidió a Slim no fue para sobrevivir un mal momento, sino para multiplicar el tamaño de su empresa.
Segundo, conoce tu negocio a fondo antes de apalancarte. No se trata de tener un plan perfecto, sino de entender bien tus márgenes, tus flujos de efectivo y tus ciclos de venta. Si no puedes estimar cuánto dinero entra y sale cada mes, el crédito se convierte en un riesgo, no en una palanca.
Tercero, mantén el control financiero en todo momento. Un préstamo para un negocio puede acelerar tu crecimiento, pero también puede amplificar tus errores. Baeza aprendió esto a la fuerza cuando su deuda superó con creces sus activos. Llevar una contabilidad clara, revisar estados financieros y ajustar gastos a tiempo son hábitos que salvan empresas.
Cuarto, educación y formación son parte de la inversión. Baeza decidió estudiar administración en Harvard no por vanidad, sino por necesidad. Entendió que dirigir una empresa grande requería habilidades distintas a las de vender carne. En tu caso, capacitarte en temas de finanzas, liderazgo o marketing puede ser igual de valioso que comprar maquinaria o abrir una nueva sucursal.
Por último, planifica tus créditos por etapas. Si estás en la fase inicial, busca financiar solo lo esencial: insumos, equipo o acondicionamiento del local. A medida que creces, puedes considerar créditos mayores para expansión, innovación o adquisiciones. Pero cada paso debe estar respaldado por un flujo de ingresos realista y medible.

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El crédito como palanca, no como carga
El crédito para un pequeño negocio puede ser un arma de doble filo: bien usado, te impulsa; mal administrado, te hunde. La diferencia está en la planeación. Antes de firmar cualquier préstamo, pregúntate tres cosas:
- ¿Este dinero generará ingresos o solo cubrirá gastos?
- ¿Puedo pagar las cuotas sin comprometer mis operaciones básicas?
- ¿Qué haré si las ventas bajan o se retrasa un cliente importante?
Responder con honestidad estas preguntas puede evitarte grandes dolores de cabeza.
El caso de Bafar demuestra que el crédito, cuando se usa con visión y disciplina, puede transformar una pequeña idea en una gran empresa. No se trata de tener suerte ni contactos influyentes, sino de saber reconocer la oportunidad, actuar con inteligencia y aprender de los errores.
Porque al final, emprender con crédito no es endeudarse: es invertir en el futuro que todavía estás construyendo.
Cómo aplicar estas lecciones si tienes un negocio de venta por catálogo
Emprender un negocio de venta por catálogo puede parecer simple al inicio, pero hacerlo crecer requiere planeación y visión. Aquí es donde las lecciones de Eugenio Baeza y el uso inteligente del crédito pueden marcar la diferencia.
Primero, usa el préstamo para tu mercancía solo para impulsar lo que genera ventas. Por ejemplo, si necesitas surtir más producto antes de una temporada alta, el crédito puede ayudarte a comprar inventario con descuento o aprovechar promociones por volumen. Eso sí: asegúrate de que realmente vas a poder vender esas piezas. Nunca pidas prestado para acumular stock sin demanda clara.
Segundo, invierte en herramientas que te hagan vender más o mejor. Un crédito pequeño puede servirte para mejorar tus catálogos impresos, crear una página web o pagar anuncios en redes sociales. También puedes usarlo para comprar una computadora, celular o sistema de gestión que te permita llevar el control de tus pedidos y clientes.
Tercero, separa tus gastos personales de los del negocio. Este es uno de los errores más comunes. Si usas el crédito para pagar cosas que no generan ingresos —como deudas personales o compras no relacionadas con tu negocio—, te vas a quedar sin capital para crecer. Cada peso prestado debe tener una razón de negocio.

Cuarto, piensa en etapas.
- En la primera, enfócate en recuperar tu inversión y construir tu base de clientes.
- En la segunda, usa el crédito para ampliar tu catálogo, contratar ayuda o comprar equipo de transporte si distribuyes tú misma los pedidos.
- En la tercera, puedes pensar en abrir nuevos canales de venta (en línea, alianzas con tiendas, o redes de revendedores).
Y por último, mantén tus números claros y actualizados. Lleva un registro sencillo —en una libreta o en una hoja de cálculo— con tus ventas, gastos y pagos pendientes. Esto te permitirá saber cuánto puedes pedir prestado sin poner en riesgo tu negocio.
Recuerda: el crédito no es un salvavidas, sino un trampolín. Si lo usas con orden y propósito, puede ayudarte a transformar tu catálogo en una verdadera red de ingresos. La clave está en tener un plan, conocer tus clientes y hacer que cada peso prestado trabaje para ti.
Por último, te dejamos el video con la entrevista, esperando que de aquí obtengas buenos consejos para usar el crédito de una manera efectiva en tu negocio.
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